lunes, 27 de septiembre de 2010

La educación, el hombre máquina y el hombre libre


Alfonso Campuzano Cardona
No se puede explicar y comprender con cierta coherencia un fenómeno de la realidad si se hace a un lado el contexto en el que se inscribe. Esto lo señalo porque la educación, las escuelas y sus procesos de enseñanza y aprendizaje no son ajenos a las dimensiones sociales, ideológicas, económicas y políticas. Se suele decir que la educación está en crisis porque los contenidos y los métodos de enseñanza son obsoletos frente a la modernización de las sociedades actuales. Se olvida que los sistemas interactúan con otros espacios de la realidad. En síntesis, descontextualizar los hechos conduce a versiones erróneas sobre lo que sucede con la educación. Las preguntas por qué y para qué educar parecen tener respuestas sencillas, pero esto no es tan cierto. Las respuestas dependen de condicionamientos filosóficos e ideológicos.
            Detrás de la palabra por qué se esconde la causa de un suceso o acontecimiento. Los hombres inventaron la educación no por mera ocurrencia sino por una causa, una necesidad. Por un lado, cuando nace, el niño es un ser indefenso frente a la naturaleza. Por unos cuantos años es incapaz de valerse por sí mismo y depende de los adultos, en particular, de sus padres para sobrevivir. De tal manera que surge así un proceso de enseñanza-aprendizaje. El lenguaje y la memoria son dos instrumentos de los que se valen los adultos para enseñar a los niños todos los aspectos culturales y sociales pertinentes para su futura existencia. Según Fernando Savater: “Los demás seres vivos nacen ya siendo lo que definitivamente son, lo que irremediablemente van a ser pase lo que pase, mientras que los humanos lo más que parece prudente decir es que nacemos para la humanidad. Nuestra humanidad biológica necesita una confirmación posterior, algo así como un segundo nacimiento en el que por medio de nuestro propio esfuerzo y de la relación con otros humanos se confirme definitivamente el primero.”[1] Por otro lado, el individuo pertenece a una determinada sociedad que tiene reglas y pautas culturales de comportamiento. Necesita socializar y aprender a relacionarse con los demás. Puede que por sí sólo aprenda a través de sus experiencias, pero el proceso es más largo.[2] Para acotarlo tiene alrededor a los demás hombres que lo van a introducir en las reglas y pautas de la sociedad. En resumen, entre las muchas causas que tiene la educación se destacan dos: la indefensión y la necesidad de socializar e instruir para vivir en comunidad.
            La pregunta para qué educar tiene más complejidad todavía, pues es la definición de una finalidad, es una cuestión de orden teleológico. La respuesta está en parte dada por las respuestas a la pregunta por qué. Se educa para rescatar al individuo de su indefensión, para insertarlo en la cultura (socializar) y para instruirlo (aprender destrezas y habilidades para ganarse la vida). Sin embargo, el por qué y, sobre todo, el para qué educar deben responderse en función de un espacio y una época determinada. A lo largo de la historia las causas y las finalidades varían de acuerdo a los intereses de los grupos dominantes. Por ejemplo, la época grecolatina educa para la virtud y deja en un lugar secundario la instrucción; la Edad Media subordina la educación a la visión de mundo religiosa; y la época moderna descarta la educación de la virtud para imponer los criterios de la instrucción.
            En la época actual las causas y las finalidades, desde la perspectiva de los grupos dominantes, están encaminadas a consolidar el proyecto neoliberal y globalizador. Los intereses de orden económico tratan de imponer el libre mercado y la ideología de un pensamiento único[3] a la humanidad. Para ello se valen de todos los mecanismos e instrumentos a su alcance, uno de ellos es la educación. En síntesis, el enfoque neoliberal dice que hay que educar para formar mano de obra calificada para producir y consumir.
            La educación moral y humanística queda descartada por muchas  razones, pero menciono dos: no genera ganancias y puede suscitar la crítica y la protesta al sistema. Para el pensamiento globalizador el por qué (causa) y el para qué (finalidad) de la educación dependen de la promesa de la modernidad: la felicidad por medio de lo material.
            El gran ofrecimiento es hacia el futuro, no hacia el presente, por tanto, educando con sus directrices se consigue el bienestar. Así, desde esta perspectiva, la educación está en crisis porque no está enfocada a las necesidades de los nuevos tiempos. No es moderna, es decir, no se ajusta al canon de la producción y el consumo. Por eso se exige su transformación. Cito Amparo Ruiz del Castillo: “La escuela, de acuerdo con la tendencia que predomina en el ámbito mundial, está sujeta a una serie de exigencias orientadas a la satisfacción de las necesidades productivas: ha de preparar mano de obra calificada capaz de renovar y activar los procesos productivos y desarrollarlos con altos niveles de eficacia y calidad.”[4]
            Aquí es pertinente hacer referencia a los conceptos de determinación social y determinación curricular de Alicia de Alba. El primero establece que una estructura social determinada es una construcción histórica que se genera a través del conflicto ideológico y político. Dice: “Partimos de concebir a los procesos de determinación social como aquellos en los cuales a través de las luchas, negociaciones o imposiciones, en un momento de transformación o génesis, se producen rasgos o aspectos sociales que, de acuerdo a una determinada articulación, van a configurar una estructura social relativamente estable y que tiende a definir los límites y las posibilidades de los procesos sociales que en el marco de tal estructura se desarrollen.”[5] Depende de la correlación de fuerzas como se constituye una estructura en una sociedad o país. Si una idea de mundo es frágil en términos de poder, entonces no tiene la posibilidad de luchar o negociar frente a otra más fuerte; esta última se va a imponer.
            La caída del muro de Berlín trae como consecuencia la desaparición del proyecto socialista de la modernidad. El capitalismo se impone y como ya no tiene oponente ideológico fuerte impulsa el neoliberalismo y la globalización. El poder económico y político impone una visión de mundo. Esto conlleva una consecuencia: la desaparición o el debilitamiento de los Estados-nación, de tal manera que las luchas, las negociaciones y las imposiciones no se producen en países (Estados) sino en todo el mundo. Las luchas interna de cada nación están inscritas en una lucha mundial. Hasta ahora, los grupos de poder (trasnacionales, BM, FMI) han impuesto la estructura social del mundo, pues la correlación de las fuerzas se los permite. No ha existido por tanto la negociación, pero sí la lucha. Según Alicia de Alba las estructuras son estables, pero sólo de manera relativa, pues en su devenir histórico (por la lucha política e ideológica) se pueden transformar. La estructura social imperante es la del neoliberalismo y la globalización.
            Las ideas imperantes sobre lo que debe ser el hombre y el mundo se filtran en todos los ámbitos humanos (la cultura, la sociedad, el conocimiento y la educación). A través de la negociación o, en este caso, la imposición se determinan los aspectos centrales y la orientación básica de la educación y sus curricula. Las causas (por qué) y las finalidades (para qué) de la educación se instauran desde los grupos de poder que dominan el mundo. Por qué educar: porque se necesita mano de obra barata y productiva; para qué educar: para la producción y el consumo. La idea es formar al hombre máquina, incapaz de cuestionar y transformar la realidad. Frente a ese mundo unidimensional es necesario configurar una estructura social distinta, más humana y justa.
            A diferencia de las teorías pesimistas[6] de la reproducción social (Althusser), la teoría de la correspondencia (Bowles, Gintis) y la reproducción cultural (Bourdieu) que establecen, con diferentes enfoques y perspectivas, que las escuelas reproducen la cultura (valores, creencias, hábitos) y la estructura social económica imperante, existen las propuestas más optimistas de la teoría educativa crítica, que propugnan por una teoría educativa y curricular que rompa con la lógica de la reproducción.
            Desde estos enfoques el por qué y el para qué educar se modifican. Hay que educar porque justamente el hombre no es una máquina que produce y consume; y hay que educar para la libertad y la solidaridad: “La lucha a favor de un nuevo tipo de racionalidad curricular no puede enfocarse como una tarea puramente técnica. Ha de contemplarse como una lucha social profundamente comprometida con lo que Herbert Marcuse ha denominado atinadamente «la emancipación de la sensibilidad, de la razón y la imaginación en todas las esferas de la subjetividad y la objetividad.»”[7] Para Giroux existe la posibilidad de construir una educación para la emancipación. Considera que el modelo tradicional de currículum y, por tanto, de enseñanza y aprendizaje está acabado desde el punto de vista ético y político. En síntesis, es pertinente rescatar a la educación de los enfoques unidimensionales y recuperar su carácter integral: formar individuos habilitados para el trabajo y la profesión, pero también sensibles a la cultura y al arte y, sobre todo, capaces de transformar la realidad.
           




[1] Savater, Fernando. El valor de educar, p. 22
[2] Idem, p. 30
[3] Dice Ignacio Ramonet: “¿Qué es el pensamiento único? La traducción en términos ideológicos con pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en particular las del capital internacional.” En Pensamiento único vs. Pensamiento crítico, p. 15
[4] Ruiz del Castillo, Amparo. Educación superior y globalización. Educar ¿para qué?,  p. 78.
[5] De Alba, Alicia. Currículum: crisis, mito y perspectivas, p. 58.
[6] Para una síntesis de teorías véase: Torres, Jurjo. El currículo oculto, pp. 49-112
[7] Giroux, Henry. Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje, p. 61

lunes, 13 de septiembre de 2010

Neoliberalismo y Educación




Alfonso Campuzano Cardona
Vivimos el clímax del capitalismo salvaje. No existen más otras alternativas para la existencia, pues las leyes del mercado y la ganancia imponen sus fórmulas para que los hombres conquisten la felicidad. Las grandes instituciones económicas (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) y las trasnacionales dirigen el rumbo de miles de millones de seres humanos. La globalización es la postura ideológica de moda. Es la imposición del pensamiento único: “La traducción en términos ideológicos con pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en particular las del capital internacional.”1
Estas entidades poderosas conquistan a través de sus aparatos ideológicos y represivos las conciencias de los hombres y les imponen un modo de vida. Lo que se construye es la uniformidad de los individuos y la homogeneidad de las sociedades de la Tierra. El pretexto es siempre el mismo, si una nación se sujeta a los principios de la globalización y el neoliberalismo consigue la gloria: el progreso, el desarrollo y el bienestar de sus ciudadanos. Sin embargo, sabemos que esto es falso. En el fondo, la verdadera intención es económica.
El neoliberalismo es la política del libre mercado y se fundamenta en el consumo, la desregulación y la privatización de todas las instituciones o entidades que produzcan riqueza. Desde esta perspectiva es necesario que los individuos se convenzan de que el hombre viene al mundo con el objetivo de producir objetos para el consumo. Globalización y neoliberalismo son las dos caras de una misma moneda. La primera transmite e introduce el pensamiento único, la idea del hombre técnico e instrumental; el segundo, se encarga de impulsar el libre mercado y sus estrategias de competencia en supuesta igualdad.
Hasta aquí se presenta una idea de la vida que parece fabulosa, pues supone que con la aplicación de las políticas neoliberales la humanidad puede conquistar los tan anhelados principios de la modernidad: igualdad, justicia y fraternidad. Pero no es así. La globalización excluye a grandes grupos sociales que no comparten sus esquemas y patrones culturales. La economía neoliberal provoca la desigualdad y la injusticia. Día a día miles de personas pierden su empleo por el gran desarrollo tecnológico que sustituye la mano de obra. La libre competencia provoca la desaparición de industrias y pequeños negocios, pues no pueden competir en igualdad de condiciones con las gigantes económicos trasnacionales. En todo el mundo se percibe el mismo fenómeno. La riqueza se concentra en unas pocas manos y los pobres cada día son más. Lo más grave es que una parcela importante de la humanidad está convencida de las bondades del sistema y atribuye la pobreza y la exclusión a otros factores.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la educación? Las escuelas, según Althusser y los teóricos de la reproducción, inculcan un conjunto de valores y creencias que pertenecen a la ideología de la clase social dominante. Es decir, las instituciones educativas funcionan como aparatos ideológicos que persuaden a los individuos de las ideas del mundo y del hombre de aquellos que tienen el control económico y político de la sociedad. Cabe señalar que la postura de la reproducción es muy simplista y mecánica, pues no comprende que en las escuelas se presenta una lucha epistemológica, académica y política entre diversas propuestas pedagógicas. Sin embargo, dicha teoría permite explicar porqué la ideología neoliberal utiliza todos los instrumentos que están a su alcance para establecer sus pautas de conducta y de pensamiento.2
Así entendemos por qué tanto interés por parte de los organismos internacionales en privatizar y regular las instituciones educativas, pues funcionan como instrumentos de control social. Por ejemplo, la educación pública en casi todo el mundo promueve que el hombre debe vivir en sociedad y por tanto debe ser solidario con los otros. La ideología neoliberal, por el contrario, promueve una concepción individualista y egocéntrica. Postula una especie de darwinismo social, donde el que sobrevive es el que se adapta con facilidad a las condiciones del sistema. Es la ley del más fuerte, del más apto. En una organización social de este tipo no cabe la solidaridad ni la preocupación por los otros. Lo que fomenta el neoliberalismo lo explica Noam Chomsky :

Además, observemos que privatizándolo todo debilitamos el peligro, es algo así como una ética con la que debemos acabar, la idea de que tú te puedas preocupar por alguien más. Un sistema público de educación se basa en el principio de que unos se preocupan por otros. Te preocupa que el joven de la calle reciba una educación. Y eso se tiene que acabar… Somos seres humanos. Nos preocupamos por otras personas. Queremos hacer cosas juntos… Nos preocupa la esclavitud infantil en Tailandia. Nos preocupamos porque una persona mayor pueda comer. Eso es seguridad social. Nos preocupamos porque otros puedan comer. Hay un gran esfuerzo en debilitar todo eso, en tratar de privatizar las aspiraciones para así controlar totalmente a la gente. Privatizando las aspiraciones estaremos completamente controlados. El poder privado va por su propio camino, el resto de las personas tiene que subordinarse a él.3
La educación se convierte en un elemento esencial para todos aquellos individuos que desean construir un mundo libre, justo y solidario. Las escuelas son espacios que están en disputa. Ahora, la mayoría de ellos cumple con la función asignada por los sectores dominantes, pero es un hecho que puede ser la vía para formar sujetos libres e independientes, capaces de reconstruir el mundo y el tejido social de la humanidad. La visión pesimista de Pierre Bourdieu o de los teóricos de la reproducción no deja mucho espacio para la esperanza. Sin embargo, a través del diálogo y la discusión se pueden encontrar senderos que configuren una forma distinta de percibir las escuelas y, en nuestro caso, la UAZ. Es decir, es pertinente plantear que son espacios donde se presentan múltiples posturas que responden a diversos intereses académicos e ideológicos. En este sentido, es indispensable dilucidar cuáles son esas posturas y qué ideas defienden, pues sólo de esa manera se puede reconstruir el quehacer de la Unviersidad.

1 Ramonet, Ignacio. “Introducción”, Pensamiento crítico vs. Pensamiento único. Madrid, 1998, Debate, p. 15.
2 El cine, la radio, la televisión, la prensa, el gobierno y los intelectuales orgánicos fomentan en la sociedad las formas de conducta y de pensamiento que se deben tener en el mundo actual.
3 Chomsky, Noam. “Asaltando la solidaridad-Privatizando la educación” en http://www.galeon.com/bvchomsky/textos/educ.html

¿Cuántos Susanitas habrá en el mundo?

¿Será que la idea de pobreza y bienestar social cambia de acuerdo a nuestra posición económica? ¿O acaso los conceptos de hambruna y desigualdad ahora se entienden como un mal necesario? ¿Cuántos Susanitas habrá en el mundo?



sábado, 11 de septiembre de 2010

Entre la desesperanza de muchos avanzó la revolución de los ricos

Periódico La Jornada
Viernes 10 de septiembre de 2010, p. 28
Una revolución está en curso. Mientras la mayoría de la población del país ha perdido la esperanza en el progreso, un reducido grupo de poder empresarial avanza en imponer sus ideas sobre el diseño de una política económica que beneficia a un puñado de personas. Es, como la caracteriza el profesor universitario Carlos Tello Macías, una revolución de los ricos.
Se trata de un proceso que acumula varios años. En México tiene hoy una expresión clara en la insistencia de las cúpulas empresariales y el grupo gobernante por profundizar una política económica, que en las tres últimas décadas redujo a un tercio el poder de compra de los salarios, aumentó la pobreza y estancó el producto interno bruto por habitante, como detalla el profesor Tello Macías en entrevista con La Jornada.
Catedrático en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, primer titular de la Secretaría de Programación y Presupuesto, ex director del Banco de México y embajador en Cuba, Portugal y la Unión Soviética, explica:
“Con mucha frecuencia se escucha que en el país, y en otras partes del mundo, están vigentes una serie de políticas como si hubiesen caído del cielo. No. Eso tiene sólidos antecedentes. En la primera parte de la década de los años 70 se puso en práctica lo que llamo la ‘revolución de los ricos”’, con propósitos muy definidos de sus impulsores.
Injerencia en universidades
El profesor Tello Macías ubica dos objetivos fundamentales de esa revolución de los ricos. Primero, recuperar la participación de las ganancias empresariales en el ingreso total, que había bajado a partir de los años 30 del siglo pasado, después de la gran recesión. Segundo, influir para que las ideas pro empresariales prevalecieran en el diseño de la política económica: Que sus ideas se tradujeran en políticas que dieran por satisfechos, o crecientemente satisfechos, sus intereses.
Iniciado a mediados de los años 70 del siglo pasado, este proceso se acelera en el mundo a partir del comienzo de los años 80 con la llegada al gobierno de Estados Unidos del republicano Ronald Reagan; de la conservadora Margaret Thatcher, en Gran Bretaña, y del también conservador Helmuth Kohl, en Alemania.
En México, el punto de partida del proceso es 1975. Ese año se creó el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) como colofón de meses de disputa entre el empresariado nacional y el entonces presidente Luis Echeverría, conflicto agudizado por la muerte, a manos de un comando guerrillero, del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada en septiembre de 1973. En su declaración de principios, comenta Tello Macías, el CCE anticipaba claramente sus objetivos, tanto en materia salarial como en política económica o en el manejo de la educación.
Si ya tienen claro que quieren aumentar su participación en el ingreso nacional y que sus ideas sean las que prevalezcan en la conducción de la economía, el paso siguiente es conquistar el futuro actuando hoy. ¿Cómo? Actúan sobre el sistema educativo, y en la educación superior. Es simple demografía. De aquí a 25 años, dicen los impulsores de este proceso, los estudiantes que están en las aulas van a ser los que dirijan el país, desde distintas esferas.
Agrega: Lo que hicieron fue meterse a las universidades. En México así ocurrió también. Se puede ver en la forma en que se expandió la educación superior privada y en que se condujo la educación pública. Conquistaron el futuro de las universidades a partir de dar prestigio a sus ideas sobre la economía. Entre 1974 y 2000, en esos 25 años, 19 premios Nobel de Economía fueron otorgados a economistas que pensaban como ellos, que defendían esas ideas. Los programas de estudio de economía fueron restructurados para dar preponderancia creciente a las ideas contrarias al Estado, y se fueron abandonando las ideas que los economistas llamamos keynesianas, o sea, donde el Estado debe participar.
Se centra en lo ocurrido en México. A mediados de los años 80, en el gobierno del ex presidente Miguel de la Madrid, comienzan a aplicarse políticas de corte neoliberal, o neoclásico, como las llamábamos antes. Primero se redimensionó el Estado. Se redujo su papel en la economía, disminuyó el gasto público y comenzaron a ser vendidas empresas públicas bajo la idea de que el Estado no sabe hacer las cosas. Apunta: Una de las primeras en ser vendidas fue Mexicana; luego los particulares la echaron a perder, el Estado la recuperó y se las volvió a vender y la acaban de echar a perder otra vez.
Pienso que era necesario hacer una revisión de la forma en que el Estado venía participando en la economía mexicana, pero una cosa es una revisión para fortalecer unas cosas y eliminar otras, y otra cosa es pácatelas, vámonos.
En este proceso de redimensionamiento del Estado el salario mínimo redujo dos terceras partes de su poder real de compra entre 1980 y 2000, y el salario contractual perdió casi la mitad de su capacidad adquisitiva en el mismo periodo.

El profesor de la Facultad de Economía de la UNAM Carlos Tello, durante la entrevista con La Jornada en ese recintoFoto Cristina Rodríguez
La segunda reforma tuvo que ver con las relaciones económicas de México con el exterior. De una economía relativamente muy protegida se pasó a la más abierta del mundo, sujeta a la competencia del exterior. Como resultado se rompieron las cadenas productivas, desaparecieron industrias completas y el país se volvió importador de alimentos. La tercera medida fue en el sistema financiero. Dejó de regularse el mercado financiero.
Flexibilización inaceptable
No es un recuento del pasado. Es enlazar un proceso que ahora pretende ser profundizado por los mismos que en México han hecho su parte en la revolución de los ricos. Como las tres reformas originales no han dado los resultados que de ellas se esperaban, en términos de crecimiento y de justicia social, ahora dicen que es necesario profundizar con nuevas reformas estructurales.
También son tres: flexibilización de las leyes laborales, inaceptable en varios de los puntos defendidos por el gobierno, como la eliminación de los contratos laborales, dice; otra de corte energético para, apunta, transferir la mayor parte posible de la actividad petrolera al sector privado, y una hacendaria, que implica reducir más el gasto público y cobrar impuestos únicos y universales y no necesariamente en función del ingreso, como ahora.
Sus reformas no han dado resultado. El crecimiento del PIB por habitante en los últimos 30 años fue de 0.5 por ciento en promedio anual, totalmente raquítico. De 1932 a 1982 ese crecimiento fue de 3.5 por ciento al año.
Pero en cambio esa revolución de los ricos ha sido exitosa para sus promotores, tanto en el terreno de la política económica, donde prevalecen las ideas contrarias a la participación del Estado, como en lo relativo a la distribución de la renta. En 1976, un año después de la creación del CCE, los salarios participaban con 44 por ciento del ingreso nacional y el otro 56 por ciento eran las utilidades de las empresas. En 2000 los salarios redujeron su participación a 33 por ciento y las ganancias la aumentaron a 67 por ciento del total, según datos ofrecidos por el académico.
Con la vista puesta en el presente afirma: no es cierto que no haya opción, que debemos seguir este camino porque no hay otro. Es falsa esa aseveración. Veamos el mundo. El mercado global funciona porque hay diferencias entre países, diferencias en política económica. Si todo fuese igual no tendría sentido que se moviera el dinero de un lugar a otro.
–¿Por qué estas ideas se impusieron de manera tan contundente?
–Hubo una idea que fue ganando fuerza: que lo que hace el Estado está mal hecho o es corrupto. Se fue generalizando esta idea. Sin duda había ineficiencia y corrupción en algunas actividades del Estado, pero también había eficiencia, manejo claro y transparente de las cosas. Tampoco se insistió de manera suficiente en que había otras opciones. El movimiento obrero organizado aceptó sin más la caída en los salarios, como si fuese algo inevitable.
–Hoy prácticamente no existe el movimiento obrero.
–A ese grado. No hubo oposición. Quienes promovían estas ideas tenían los medios y la fuerza para ello. También esto lo explica. Estamos hablando de gente poderosa, que pudo, en un abrir y cerrar de ojos, hacer universidades privadas en todas partes. Eso cuesta, y no solamente en dinero, sino en capacitar profesores. Contaron con los medios de comunicación social: la televisión, radio y la prensa escrita. Hay que ver los periódicos.
–Pareciera que México es refractario a la discusión que hoy existe en el mundo sobre el papel del Estado.
–Es interesante. Aquí se persiste, se continúa en la misma dirección. No hay una discusión pública de lo que pudiéramos llamar el proyecto de nación que queremos. No hay discusión de si estamos por el camino correcto o no; se asume casi por completo que vamos en sentido correcto. Se habla mucho de políticas públicas, pero algo que no es política pública es la política económica y la social. Es muy grave.
–¿Cómo ve el futuro inmediato?
–Lo que caracteriza hoy a un porcentaje muy amplio de la población, sobre todo a la joven, es la falta de esperanza de progreso. Se ha perdido. Claro que no la hay porque la economía no se mueve, no hay actividad económica y el crecimiento de la informalidad es enorme. No hay que olvidar que el informal vive en una situación que no sabe lo que le va a pasar mañana. Piensen en lo que eso entraña. ¿Cómo puede haber esperanza de progreso con esa situación? Y si luego añade la violencia que se ha desatado, entonces es preocupante.
La única manera de recuperar esa esperanza de progreso es si uno ve posibilidades de mejora en sus condiciones generales de existencia, con empleos seguros, ciertos, estables, con mayores ingresos. Pienso que si no cambia la política esto va a seguir y puede incluso empeorar.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Qué hacer en tiempos como estos?


El Bicentenario de la Independencia se celebra este mes y nos han regalado el premio a la mujer más hermosa del mundo para hacernos sentir que somos valiosos, por ahí alguien me dijo: “es más barato ganar Miss Universo que el Mundial”, lo lamento por los aficionados al fútbol, pero es muy caro pagarle a la FIFA. También han llenado el medio con personajes ramplones, nuevos héroes que nos demuestren que en México sí hay, y bien, ahí está Salma Hayek dando un mensaje de fe y esperanza en un país donde el desarrollo profesional se define como la exportación de mano de obra a Estados Unidos. Gordillo no se queda atrás, y con una serie de comerciales resalta su labor como dirigente del SNTE, aunque no sepa leer ni media palabra. Muy horrendo es ver televisión en estos días de fiesta, donde hasta el presidente pretende vernos la cara con los resultados de su buen gobierno dando por supuesto que nos olvidamos de las ejecuciones disfrazadas en su guerra contra el narco.
     Sí, todo en el mundo es un enorme discurso, un discurso de persuasión que diariamente nosotros traducimos e interiorizamos, el problema está en la forma errónea como interpretamos la vida, porque estamos perdiendo al capacidad de asombro, vamos ahogando nuestra primera impresión para no caer en lugares comunes. Resbalamos en el juego de dejarnos llevar, de la flojera existencial, pero hasta ese cansancio requiere un análisis de los alrededores. La actualidad nos muestra un enorme abanico de posibilidades de entretenimiento, estamos ocupados en adquirir lo más nuevo para no quedarnos atrás, el mejor celular, el más reciente Ipod, la computadora más nueva en el mercado, pero se nos olvida llenarnos con discernimiento, con reflexión y sobre todo con imaginación. Exigimos mejores efectos especiales en las películas de Hollywood para recrear un mundo que ya somos incapaces de soñar, porque todo se nos da, el mundo y sus historias se nos ofrecen procesadas para una mejor digestión, se les quita la paja que pueda irrumpir en nuestro proceso de asimilación forzada.
     Y yo me pregunto, ¿qué hacer en estos días de fiesta? Pues a festejar. Festejar la capacidad que aún nos queda intacta, porque esa no nos la roba nadie, la capacidad de entender lo que hay detrás de todo esto a través de la lectura. Vamos a leer, a decodificar lo que hay debajo de los personajes viejos y nuevos, de sus alegatos, encontrarle el doble fondo a la olla, porque lo tiene y ahí se esconde el hervidero de artimañas. En un momento de transición como el actual, nuestra educación en una universidad pública pide a gritos defender la autonomía del pensamiento porque el hombre está ahí, en sus palabras y es su capacidad para contar su vida la que lo hace humano. 


Annik


lunes, 6 de septiembre de 2010

Historia de arañas ponzoñosas

Había una vez una universidad pública que deseaba que sus saberes y conocimientos sirvieran a las causas más justas de la sociedad. Sus tres finalidades –pensaba- debían ser la docencia, la investigación y la extensión. Para cumplirlas construyó la infraestructura necesaria, tanto física como humana, así su labor inició con gran empeño y dedicación. Poco a poco se consolidó, sin embargo, un día, hace muchos años, un grupo de arañitas insignificantes se introdujo en sus espacios administrativos y docentes. Nadie les hizo caso, nadie las expulsó, pues las consideraban indefensas. Al paso del tiempo, esas arañitas no sólo crecieron, sino que se duplicaron, con la ayuda de su veneno ponzoñoso y sus redes transformaron a otros en arañas. El número de insectos aumentó y construyeron una gran telaraña que cubrió casi todos los espacios de la universidad que muy tarde se dio cuenta de que sus nobles propósitos habían quedado en el olvido. Las arañas lo manipulaban todo e hicieron creer a la sociedad, con sus lindos discursos, que defendían las mismas causas. La universidad, con el auxilio de unos cuantos hombres, intentó destruir las telarañas y expulsar a los bichos ponzoñosos, pero todo ha sido en vano, han seguido ganando terreno y su putrefacción se extiende más y más. Tan fuertes se sienten las arañas ponzoñosas que cínicamente llaman a su gran telaraña “corrupción”.

Una pequeña interpretación de esta historia

La UAZ atraviesa por una crisis de identidad y la asfixian graves problemas académicos y administrativos. La simulación, el ausentismo, las investigaciones intrascendentes, la falta de planeación y el pragmatismo ignorante tienen a la institución al borde del abismo. Desde hace muchos años la docencia, la investigación y la extensión se ven obstaculizadas por intereses políticos de grupos internos y externos. Sus objetivos se empañan porque todo está en función de los beneficios económicos y políticos que adquieren con determinados espacios académicos y administrativos de la UAZ. Las arañas ponzoñosas han construido un entramado corrupto que paraliza el verdadero quehacer de la institución. Empero, no todo está perdido. Con inteligencia tal vez se pueda construir la UAZ que muchos universitarios deseamos.


El Catrín