Había una vez una universidad pública que deseaba que sus saberes y conocimientos sirvieran a las causas más justas de la sociedad. Sus tres finalidades –pensaba- debían ser la docencia, la investigación y la extensión. Para cumplirlas construyó la infraestructura necesaria, tanto física como humana, así su labor inició con gran empeño y dedicación. Poco a poco se consolidó, sin embargo, un día, hace muchos años, un grupo de arañitas insignificantes se introdujo en sus espacios administrativos y docentes. Nadie les hizo caso, nadie las expulsó, pues las consideraban indefensas. Al paso del tiempo, esas arañitas no sólo crecieron, sino que se duplicaron, con la ayuda de su veneno ponzoñoso y sus redes transformaron a otros en arañas. El número de insectos aumentó y construyeron una gran telaraña que cubrió casi todos los espacios de la universidad que muy tarde se dio cuenta de que sus nobles propósitos habían quedado en el olvido. Las arañas lo manipulaban todo e hicieron creer a la sociedad, con sus lindos discursos, que defendían las mismas causas. La universidad, con el auxilio de unos cuantos hombres, intentó destruir las telarañas y expulsar a los bichos ponzoñosos, pero todo ha sido en vano, han seguido ganando terreno y su putrefacción se extiende más y más. Tan fuertes se sienten las arañas ponzoñosas que cínicamente llaman a su gran telaraña “corrupción”.
Una pequeña interpretación de esta historia
La UAZ atraviesa por una crisis de identidad y la asfixian graves problemas académicos y administrativos. La simulación, el ausentismo, las investigaciones intrascendentes, la falta de planeación y el pragmatismo ignorante tienen a la institución al borde del abismo. Desde hace muchos años la docencia, la investigación y la extensión se ven obstaculizadas por intereses políticos de grupos internos y externos. Sus objetivos se empañan porque todo está en función de los beneficios económicos y políticos que adquieren con determinados espacios académicos y administrativos de la UAZ. Las arañas ponzoñosas han construido un entramado corrupto que paraliza el verdadero quehacer de la institución. Empero, no todo está perdido. Con inteligencia tal vez se pueda construir la UAZ que muchos universitarios deseamos.
El Catrín
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