miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Qué hacer en tiempos como estos?


El Bicentenario de la Independencia se celebra este mes y nos han regalado el premio a la mujer más hermosa del mundo para hacernos sentir que somos valiosos, por ahí alguien me dijo: “es más barato ganar Miss Universo que el Mundial”, lo lamento por los aficionados al fútbol, pero es muy caro pagarle a la FIFA. También han llenado el medio con personajes ramplones, nuevos héroes que nos demuestren que en México sí hay, y bien, ahí está Salma Hayek dando un mensaje de fe y esperanza en un país donde el desarrollo profesional se define como la exportación de mano de obra a Estados Unidos. Gordillo no se queda atrás, y con una serie de comerciales resalta su labor como dirigente del SNTE, aunque no sepa leer ni media palabra. Muy horrendo es ver televisión en estos días de fiesta, donde hasta el presidente pretende vernos la cara con los resultados de su buen gobierno dando por supuesto que nos olvidamos de las ejecuciones disfrazadas en su guerra contra el narco.
     Sí, todo en el mundo es un enorme discurso, un discurso de persuasión que diariamente nosotros traducimos e interiorizamos, el problema está en la forma errónea como interpretamos la vida, porque estamos perdiendo al capacidad de asombro, vamos ahogando nuestra primera impresión para no caer en lugares comunes. Resbalamos en el juego de dejarnos llevar, de la flojera existencial, pero hasta ese cansancio requiere un análisis de los alrededores. La actualidad nos muestra un enorme abanico de posibilidades de entretenimiento, estamos ocupados en adquirir lo más nuevo para no quedarnos atrás, el mejor celular, el más reciente Ipod, la computadora más nueva en el mercado, pero se nos olvida llenarnos con discernimiento, con reflexión y sobre todo con imaginación. Exigimos mejores efectos especiales en las películas de Hollywood para recrear un mundo que ya somos incapaces de soñar, porque todo se nos da, el mundo y sus historias se nos ofrecen procesadas para una mejor digestión, se les quita la paja que pueda irrumpir en nuestro proceso de asimilación forzada.
     Y yo me pregunto, ¿qué hacer en estos días de fiesta? Pues a festejar. Festejar la capacidad que aún nos queda intacta, porque esa no nos la roba nadie, la capacidad de entender lo que hay detrás de todo esto a través de la lectura. Vamos a leer, a decodificar lo que hay debajo de los personajes viejos y nuevos, de sus alegatos, encontrarle el doble fondo a la olla, porque lo tiene y ahí se esconde el hervidero de artimañas. En un momento de transición como el actual, nuestra educación en una universidad pública pide a gritos defender la autonomía del pensamiento porque el hombre está ahí, en sus palabras y es su capacidad para contar su vida la que lo hace humano. 


Annik


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